Basta dar vuelta un disco de los años sesenta para saber cómo está hecha su carátula. Si en el reverso se ven los bordes de un papel impreso, doblados y pegados sobre el cartón, es una tip-on. Así se hicieron durante décadas muchas carátulas en Estados Unidos, y así vuelven a hacerse hoy algunas de las reediciones más caras.
Papel sobre cartón
La carátula del LP nació en 1948, el año en que el sello Columbia lanzó el disco de larga duración. La diseñó Alex Steinweiss, su director de arte.1 Hasta entonces, los discos de 78 revoluciones se guardaban en sobres de papel kraft, el papel café de embalaje, que podía rayar los surcos del LP, mucho más finos.2
Durante las dos décadas siguientes, las carátulas se hicieron en dos pasos y, muchas veces, en dos empresas. Una imprenta imprimía el arte de la portada en una hoja de papel. Otra fábrica pegaba esa hoja sobre un cartón en blanco, doblaba sus bordes hacia el reverso y pegaba encima la contraportada. De ese pegado viene el nombre. En inglés, to tip on significa pegar una hoja sobre otra.3
Una tip-on también se reconoce al tacto. El papel es más suave que el cartón y las esquinas quedan ligeramente redondeadas. Su punto débil son los cantos, donde la hoja impresa se dobla del frente al reverso. Con el uso, ese papel puede romperse o despegarse, y la carátula termina abriéndose por los costados. Les pasó a muchos discos de los años cincuenta de Blue Note, el sello de jazz de Nueva York.4
Cuando una carátula quedaba muy dañada, a veces se reemplazaba por otra más nueva del mismo disco. Por eso hoy aparecen copias originales de esos años guardadas en carátulas impresas bastante después.5

Más rápido y más barato
En los años setenta se impuso otra forma de hacerlas.6 El arte se imprimía directo sobre el cartón, y una sola máquina lo cortaba, lo doblaba y lo pegaba. Ya no hacían falta la hoja aparte ni la segunda fábrica.7
Una de las imprentas que hacían esas hojas era Stoughton Printing, en Los Ángeles. Las imprimía desde 1968 para las fábricas que armaban las tip-on. En 1974 adoptó el método nuevo y compró sus propias máquinas. Según la propia empresa, "prácticamente de la noche a la mañana, la carátula de papel envuelto estaba muerta".8
La tip-on desapareció del vinilo, pero no del todo de Stoughton. La imprenta la siguió haciendo para el LaserDisc, el disco de video de treinta centímetros que en los ochenta competía con el VHS. Las carátulas dobles impresas en el cartón llevan por dentro una solapa pegada que forma un pequeño bulto, y en el LaserDisc ese bulto podía dar problemas al reproducir el disco. La tip-on no tiene esa solapa. Ese negocio duró hasta diciembre de 1999, cuando Pioneer, el principal fabricante de LaserDisc, anunció que dejaba el formato.9
De vuelta, como lujo
Dos años después, la tip-on volvió al vinilo. En diciembre de 2001 Stoughton hizo su primera carátula de ese tipo para un LP en décadas, una reedición de Time Out, el disco que el cuarteto del pianista de jazz Dave Brubeck publicó en 1959. Fue "un éxito enorme", dice la imprenta, tanto que no alcanzó a cubrir los pedidos.10
Para dar abasto, en 2002 Stoughton compró en una subasta dos máquinas que armaban cajas de bombones con forma de corazón para San Valentín, y las adaptó para doblar y pegar carátulas. En 2013 compró la maquinaria de una fábrica de cajas de Chicago y más que duplicó su capacidad.11
Aun así, buena parte del trabajo sigue siendo manual. Una persona pone el cartón en blanco sobre el papel encolado, y una de las máquinas de bombones dobla los bordes. Después, una operaria pega a mano la contraportada sin ver su dibujo. Stoughton dice que esa tarea "requiere una destreza y una experiencia tremendas".12

Lo que la había condenado en los setenta, que exigía más materiales, más pasos y más trabajo a mano, era justo lo que treinta años después permitía venderla como lujo.
Hoy es la carátula de las reediciones caras. Blue Note la usa en su serie Tone Poet,13 y aparece en las reediciones para audiófilos de sellos como Analogue Productions14 y en sellos que recuperan rarezas, como Light in the Attic15 y, en algunos discos, Numero Group.16 Stoughton es una de las imprentas que las fabrican.17
¿Lujo o fetiche?
Entre coleccionistas y audiófilos, la tip-on divide. La discusión recuerda a la del vinilo de 180 gramos, más grueso que el común, que las disqueras empezaron a anunciar en la tapa como garantía de calidad.18 En los dos casos, una característica física se volvió argumento de venta, aunque por sí sola no asegura un mejor sonido.
Quienes la defienden hablan de lo que se ve y se toca. El arte se imprime mejor sobre una hoja de papel blanca y lisa que sobre cartón, y la carátula se siente más firme, con una diferencia parecida a la que hay entre un libro de tapa dura y uno de bolsillo. Para algunos compradores es, además, una señal de intención. Si un sello se toma el trabajo y el gasto de hacer una tip-on, probablemente cuida también el resto de la edición.19
Quienes desconfían apuntan al precio y a la publicidad. Según algunos cálculos, una tip-on suma varios dólares al costo de cada disco, mucho más que el vinilo de 180 gramos, y ese costo lo paga el comprador. La carátula no dice nada sobre cómo suena el disco, y hay reediciones mediocres metidas en carátulas espléndidas. Para los más críticos, la palabra tip-on se volvió un fetiche del marketing.2021
También hay reparos prácticos. La carátula gruesa ocupa más espacio en la repisa y cuesta volver a meter el disco. Y sobre la durabilidad no hay acuerdo. Los fabricantes aseguran que resiste mejor el desgaste de los bordes, pero las antiguas carátulas de Blue Note, abiertas por los cantos, recuerdan que el método tampoco es inmune al paso del tiempo.2223
La carátula que la industria abandonó por lenta y cara hoy se vende como lujo. Las máquinas de bombones doblan el papel sobre el cartón, pero la contraportada todavía la pega a mano una persona que no ve lo que está pegando.